Y llegó el paro

No es lo mismo iniciar la búsqueda de un nuevo empleo cubierto por una buena indemnización más las prestaciones mensuales durante los dos años siguientes que, sin indemnización (o con una muy pobre) y sin la prestación mensual.

Cuando el desempleado siente amenazada su seguridad  económica y laboral, puede caer inmediatamente en la depresión, el silencio, la evitación de salir y reunirse con personas de la familia y amigos; se priva a sí mismo de disfrutar de la vida, pierde el gusto por continuar viviendo. Tal como se explica en: “DAÑOS PSICOLÓGICOS, MUERTES Y SUICIDIOS CONSECUENCIA DE: ACOSO LABORAL, “¿ACCIDENTES?” Y DESPIDOS”, puede sufrir un Trastorno de Estrés Postraumático con secuelas de muy larga duración, a veces toda su vida.

Cuando tu pareja, tus hijos, tus vecinos, tus amigos y a veces también tus padres, hermanos y cuñados te acusan de ser un “parásito social”, acabas por convencerte de que lo eres y aquí se hace imprescindible un reforzamiento inmediato de la autoestima para que tú, parado sin recursos que no sabes cómo pagarás el alquiler al mes siguiente, sigas confiando en ti, buscando ese empleo en el que eres capaz de rendir y no te entren ganas de quitarte de en medio, dejar el terreno libre a los que tanto quieres y deseas su felicidad.

Es probable que sientas la obligación de realizar un sobreesfuerzo físico y mental para tomar decisiones difíciles, asumir responsabilidades con alto riesgo, actuar muy rápido y tu desesperación puede conducirte a terrenos que te esclavizarán más todavía, como probar los juegos de azar con la esperanza de obtener un beneficio enorme y necesario con una escasa inversión, lo poco que tienes y después, caer en otras adicciones, o aceptar trabajos miserables donde te explotan tanto que ya no sabes ni quien eres, pierdes tu propio autoconcepto y caes, sigues cayendo mientras el entorno te sigue evaluando, juzgando; a algunos les das pena y otros te desprecian, pero nadie te comprende, ni te ayuda. A veces incluso te provocan, te insultan y te ves inmerso en conflictos tan difíciles de resolver que prefieres no afrontar, te encierras, te vas, tomas decisiones erróneas.

Te sientes continuamente expuesto a situaciones desagradables, estás molesto y de mal humor, sientes vergüenza, vives en una incomodidad continua; ves restringida tu vida normal, te sientes inútil y fracasado. Estás harto de soportar agresiones verbales o físicas de otras personas con las que antes compartías diversión y confidencias.

El paro, en las peores condiciones puede llevarte al caos absoluto, a la pérdida de tu vida, a las secuelas continuas, a la enfermedad psicológica o física. Pero suponiendo que no es así, que lo asumes con la ilusión de cambiar a un trabajo mejor y en un tiempo breve. En una situación como la provocada por el capitalismo, en la crueldad en la que incluye el estado español, desde 2007, en la que los derechos laborales, individuales, sindicales, etc., fueron reducidos a la mínima expresión, los parados pasan por las siguientes fases: PSICOLOGÍA DEL DESEMPLEO

Al principio sufren sentimientos de pérdida, miedo, deseos de venganza e indignación, que podrían canalizarse desde la acción sindical hacia objetivos útiles, fortaleciendo la autoestima del parado en lugar de caer en aislamiento, la vergüenza y la soledad.

La segunda fase, cuando el parado no está organizado en la actividad sindial, se caracteriza por la apatía ante la indiferencia de los demás y la insensibilidad ante la privación continua del estilo de vida al que se había acostumbrado, las amistades, etc., que van siendo reemplazados por un sentimiento de calma convertido en aislamiento. Esta calma no es relajación ni tranquilidad, sino el principio de un trastorno psicológico.

Ya en la tercera fase: el parado actúa, su autoestima pugna por autorregularse y lucha por buscar un hueco en la sociedad laboral y económica, se plantea todas las opciones posibles. Muchos deciden emigrar. A partir de esta decisión hay notables diferencias entre quienes han salido con una buena indemnización y los otros, los que no tienen recursos. Esta condición, la de siempre: el dinero, puede cambiar completamente el futuro del actual parado: ir a un lugar donde busque un trabajo adecuado a su gusto, experiencia y conocimientos o, adquirir un billete que puedan pagar y adaptarse a las desastrosas circunstancias que han dado al traste con el futuro antes previsto, convertirse en una especie de escoria social que no interesa a nadie, ni siquiera a sus parejas, a sus familias, a sus hijos, a nadie, perderlo todo, hasta la cabeza.

Quizás por venganza, quizás por conformidad o porque de algo tiene que vivir la esperanza en su interior, algunos empiezan a confiar en que la situación se arreglará pronto y buscan, buscan, no paran de buscar. Otros roban, se suicidan, se convierten en indigentes y adoptan otras actitudes similares ante la indiferencia de los que aún trabajan, aunque sea con salarios de esclavitud.

Entonces llega la cuarta, se desvanece la esperanza al percibir que sus esfuerzos no tienen éxito. Llega la angustia y el sentimiento de indefensión, de que haga lo que haga va a fracasar. Algunos, en esta fase entran en una conducta autodestructiva y llegan a morir o a quitarse la vida..

Los que superan la cuarta, llegan a la quinta alternando pasividad y actividad, esperanza e indefensión, según cambie la situación (Peiró, José Mª; Ripoll, Pilar y Rodríguez, Isabel; 1986).

La organización sindical es imprescindible para prevenir el desenlace fatal en las situaciones de acoso y despido. Durante la búsqueda de empleo, la solidaridad puede convertirse en la única arma para mantener la autoestima, impedir el aislamiento y valorar los esfuerzos del parado.