DAÑOS PSICOLÓGICOS, MUERTES Y SUICIDIOS CONSECUENCIA DE: ACOSO LABORAL, “¿ACCIDENTES?” Y DESPIDOS

Empezaron riéndose de mí porque tenía un teléfono móvil muy antiguo, pero a mí me servía, así que en lugar de comprarme uno nuevo, continué con el mismo. Luego me desapareció el cargador de ese móvil mientras fui a desayunar, pero lo peor fue que después de haber pasado semanas con jornadas de catorce horas (incluidos sábados y domingos) realizando un trabajo, el día que tenía que presentarlo se había borrado completamente de mi ordenador. Me derrumbé, lloré, mis compañeros se rieron. Intenté calmarme, abrí el cajón para buscar la copia de seguridad y también había desaparecido. Entonces me acusaron de mentir, de no haber hecho nada, de haber perdido el tiempo, tuve un ataque de ansiedad…. Llegué a casa hecho una pena, parecía un fantasma, mi mujer se asustó al verme. Le conté todo, incluso mi decisión de abandonar el trabajo pero ella me respondió “Mi amor, tú vales mucho, no permitas que te acosen, no puedes abandonar ahora, no te das cuenta que necesitamos el dinero para pagar la hipoteca? No seas débil, continúa, no les hagas ni caso.” Desde entonces estoy mal, me acosan constantemente y yo aguanto por no darles el gusto de abandonar, pero no puedo más”

Es la declaración de un trabajador antes de sufrir un accidente que le llevó a la Unidad de Cuidados Intensivos y le dejó importantes secuelas físicas y psicológicas.

Así empieza todo. Si no vistes como ellos, o perteneces a un sindicato que no les gusta, o no te avienes a ser explotado y despojado de tu vida privada: te acosan; no solamente los jefes -que perciben una retribución mucho mayor que la tuya para oprimirte y amenazarte con la típica frase “si no te gusta, fuera hay dos mil como tú, que estarían encantados de estar en tu lugar”-; lo peor es que muchos de tus compañeros actúan del mismo modo, compiten contigo, ya sea para quedar bien o para no sentirse mal ellos, por tragar lo que les echen.

EL PROCESO

¿Por qué ý cómo comienza el acoso?: un día cualquiera te das cuenta de que estás dejando tu vida en el trabajo, ya no trabajas para vivir, vives para trabajar y decides plantarte, decir basta, disfrutar de lo que en principio debería ser tu tiempo libre, no regalar más horas de trabajo, cumplir sólo con lo que has firmado en el contrato cuando ingresaste en la empresa, dices “adiós” a las jornadas de doce o catorce horas.

Ese mismo día, a las seis de la tarde te levantas de tu silla y ya en pie marchas hacia la salida. Los demás levantan la vista del ordenador asombrados, te condenan con la mirada y te atribuyen en silencio, valentía unos, temeridad otros. Todos ellos se quedan trabajando para causar buena impresión, siguen allí como cada día perdiendo vista, energía y salud frente a la pantalla y el teclado. Entonces te adjudican la etiqueta del “mal ejemplo”.

La jefatura nerviosa se pregunta: ¿Y si a todos los demás se les ocurriera hacer lo mismo?

No podemos permitirlo, esto hay que castigarlo”, se responden.

A partir de ese día nadie desayuna contigo, nadie comparte una confidencia ni una charla en la máquina de café, comes solo en el office, y si tú te acercas a ellos o inicias algún comentario, se van diciendo “yo no quiero problemas”. Esto es ACOSO LABORAL, el más triste de todos, el de tus compañeros. La empresa no se queda atrás, te cambia de sitio, te relega a un rincón, te quita el ordenador que venías usándolo y te pone uno antiguo, lento, a medio rendimiento, te quita la conexión a Internet reduciendo así tu posibilidad de realizar algunos trabajos, te encarga tareas imposibles en plazo récord o peor, te mantiene sin encargarte ningún trabajo pero te obliga a estar allí, cumplir tu horario, ni un minuto menos de lo pactado en el contrato, quieto, sentado y observando la “armonía” y el rendimiento de tus compañeros que se portan bien.

¿Cómo reacciona el acosado?

Empieza a sentirse raro, a ponerse nervioso, a temer que le despidan, a tener pensamientos recurrentes que dan vueltas circulares en su cerebro (creer que el van a despedir, que no vale para nada, que le mantienen por pena, que no va a poder pagar el alquiler, a verse en la indigencia, abandonado por su familia, sus amigos, sólo, enfermo, etc…) y este pensamiento no le deja dormir. Esta incertidumbre más la falta de sueño seguida de la pérdida de apetito y el aislamiento social para no “tener que hablar del tema”, le producen un estrés tan intenso y duradero que afectan a sus capacidades de razonamiento, lógica-deducción, concentración, atención, memoria, etc. El acosado cruza la calle sin atender siquiera al semáforo, pierde hasta el gusto por la vida y a menudo acaba en las urgencias del hospital más cercano.

Las últimas semanas o días anteriores al hospital, se siente como un apestado entre el grupo de personas que antes eran tus compañeros, cuando oye que algún jefe se acerca, le entran ganas de ir al baño, de esfumarse, le invade el miedo y cae en la trampa: ¿un ataque de pánico?, ¡ya tienen la excusa que buscaban!, le ponen otra etiqueta: “débil y desequilibrado”. O, le dicen alguna impertinencia, cualquiera, para provocarle o herirle y él cae en la trampa de enfadarse, gritar y amenazar, con esta reacción se lo pone más fácil aún para un despido procedente: es “agresivo, peligroso, incapaz de integrarse en un equipo de trabajo”.

Lo peor es que el acosado admite esa etiqueta, pierde autoestima, no entiendes qué ha pasado por su vida, cómo has cambiado tanto.

El despido está ya en la puerta del acosado, es inminente. La empresa intentará un despido procedente y los compañeros estarán de acuerdo, nadie saldrá en defensa del acosado ni declarará a su favor en un juicio. Hay otra probabilidad: que el acosado, en nombre de su salud, abandone el puesto, se marche voluntariamente, evitando a la empresa el gasto de la indemnización y quedándose sin cobrar paro; en la calle, sin ingresos, estresado, sin apetito, sin poder dormir, invadido por el miedo a convertirse en un sin techo, con el razonamiento deteriorado, sin autoestima, sin sentirse capaz de nada. Es el caos. Un caos que la empresa ha inoculado en tu vida y del que no puedes salir solo.

EL DESENLACE

Es probable que el estrés mantenido tanto tiempo y de tan alta intensidad produzca deterioro físico que requiera tratamientos hospitalarios más o menos rigurosos, o que la persona caiga en un TEP (Trastorno de Estrés Postraumático) de larga duración o, que su distracción en el pensamiento recurrente provoque un accidente al cruzar la calle, al conducir, al bajar una escalera, etc. También es probable que se aísle completamente de su núcleo social y familiar, que no se sienta digno de merecer el cariño de su pareja o sus hijos, que se sienta diferente a las personas con quienes antes compartía comida, ocio, cine, deporte, etc.

El TEP ocurre cuando la persona se expone a múltiples o muy impactantes situaciones estresantes  (hambre, desahucio, paro, catástrofes…) y cae en el miedo, la incertidumbre y una pérdida tal de autoestima que no se considera capaz ni de buscar apoyo ni de afrontar la situación luchando o buscando alternativas. Las personas perciben:

  • Amenazada su seguridad  económica y laboral

  • Obligación de realizar un sobreesfuerzo físico y mental para tomar decisiones difíciles, asumir responsabilidades con alto riesgo, actuar muy rápido

  • Que están siendo sometidas a evaluación social continua

  • Tiene que afrontar conflictos difíciles de resolver

  • Están expuestas a algo desagradable, molesto, vergonzoso o incómodo

  • Ven restringida su vida normal

  • Se sienten inútiles o fracasados

  • Soportan agresiones verbales o físicas de otras personas (a veces de su propia familia y seres queridos)

    

    ¿En qué consiste el TEP?

La persona tiene, hasta no ser atendido por un psicólogo y probablemente durante toda su vida, todos o algunos de estos síntomas:

  • Recuerdos desagradables, recurrentes e invasivos sobre el acoso

  • Sueños desagradables y recurrentes sobre el acontecimiento

  • Conductas o sentimientos repentinos como si el acontecimiento traumático volviera a ocurrir (sensación de revivir la experiencia)

  • Malestar psicológico intenso o reactividad fisiológica al exponerse a señales internas o externas que simbolizan o recuerdan algún aspecto del acontecimiento traumático.

  • Esfuerzos por evitar pensamientos, sensaciones o conversaciones asociadas con el trauma

  • Esfuerzos por evitar actividades, lugares o gente que despierten recuerdos del trauma

  • Incapacidad para recordar alguno de los aspectos importantes del trauma

  • Disminución marcada del interés o participación en actividades significativas

  • Sensación de desapego o extrañeza respecto a los demás

  • Rango de afecto restringido (por ej, incapacidad de sentir amor)

  • Sensación de tener el futuro acortado

  • Dificultad para conciliar o mantener el sueño

  • Irritabilidad o explosiones de ira

  • Dificultad para concentrarse

  • Hipervigilancia

  • Respuesta de alarma exagerada

  • Deterioro significativo en el funcionamiento social, académico, laboral o en otras áreas importantes

En todo caso, cuando la persona se recupera reintegrándose a un puesto de trabajo distinto, son probables distintas reacciones siendo las más habituales: 1) La negativa: Que no se rebele ni defienda sus derechos por miedo a las consecuencias. 2) La positiva: que se integre en un sindicato para protegerse ante situaciones similares en el futuro.

¿Qué puede ocurrir si el acosado no logra reintegrarse, es abandonado por la familia, despojado de sus derechos, sus afectos….?

Es posible que viva somatizando en síntomas fisiológicos todo este malestar, que no logre sobrevivir, que se deprima e incluso que desee acabar con su vida. ¿Es él el suicida?, ¿O es la empresa, el entorno, sus compañeros acosadores quienes lo han conducido camino al suicidio?

¿Y cuando sufre un accidente por el deterioro que va sufriendo, ya sea por soportar el acoso mucho tiempo o por ser despedido?. El accidente puede llevarlo a la tumba o provocarle secuelas físicas o psicológicas que le incapaciten para seguir ejerciendo su profesión.

EL ENTORNO

El acosado no es un individuo aislado, vive en un contexto social: la familia, los amigos, el barrio.

Consideremos lo que se ha dado en llamar: “familia tipo”: una pareja con dos hijos. La familia es un sistema que se rige por las propiedades de todos los sistemas, siendo las tres fundamentales:

  1. Es imposible no comunicar

  2. El todo no es igual a la suma de las partes

  3. El cambio en un elemento del sistema afecta a todos y cada uno de los demás elementos.

Dentro del sistema familiar conviven dos subsistemas: Padres e Hijos. Fuera están los abuelos, la parentela, los vecinos, los amigos, los centros comerciales y públicos del barrio, etc.

Es en este contexto donde los problemas, en este caso el acoso de un miembro de la familia, se resuelve, de qué modo, o se agrava.

La primera propiedad: “Es imposible no comunicar”: Volverse una persona silenciosa, un padre enfadado continuamente que regaña a sus hijos y a su compañera por todo, o una madre descuidada, que ha perdido el gusto por compartir juegos, mantener relaciones, salir, ir al cine… cambia la situación del hogar completamente. La convivencia puede convertirse en un infierno. Se puede pasar de la armonía al planteamiento de separación. ¿Quién quedará solo y aislado?, el acosado, el parado, el distinto, el que ha cambiado.

La segunda: “El todo no es igual a la suma de las partes”: Cuando uno de los miembros de la familia es acosado o queda en paro, no sólo hay un salario menos (a veces ninguno, si el otro miembro no trabaja), sino que hay un cambio de conducta en él y en el resto de las personas. Es posible que los niños cambien de colegio, abandonen el deporte, la ropa se deteriore, los amigos les abandonen, les avergüencen diciendo que “su padre o su madre no trabaja”, dejen de verlos porque no pueden permitirse frecuentar los mismos sitios que antes, etc. Y desde fuera del sistema es probable que los padres de uno y suegros del otro metan cizaña “¿por qué tú tienes que cargarte con todo, que trabaje él/ella?, yo ya no me quedo con los niños, a ver si aprendes a hacerte valer, etc.”

La tercera: el cambio en un elemento implica cambios en todos y cada uno de los elementos del sistema: El miembro en paro o acosado, con el carácter estropeado, deja de salir y de frecuentar amistades, pero la otra persona al principio se enfada y se queda, pero luego sigue saliendo, comenta con sus amistades la situación de su pareja, éstos intervienen en sus decisiones, las relaciones cambian, aparecen nuevos estímulos a la vez que el acosado se siente cada vez peor. Los hijos conspiran contra el mal humor y la falta de alegría de su progenitor, se sienten más unidos al otro, el acosado se siente cada vez más solo, despreciado por los que tanto quiere. La familia se deteriora, los vecinos lo miran raro, él se esconde. Todo cambia.

LA LEY DE PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

RECONOCE LOS RIESGOS PSICOSOCIALES (así los llama)

PERO NO LOS CONTEMPLA,

NI LOS TIENE EN CUENTA, NI LOS PREVIENE